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Feminismo y prostitución sinonimos de prostibulo

feminismo y prostitución sinonimos de prostibulo

Como feminista, tuve muy claro que mis servicios no serían destinados a un solo género. Si no nos dejan hablar como trabajadoras libres, nuestros testimonios desaparecen y generamos una espiral de represión hacia la mujer, se piensa que somos esclavas y fomentamos la creencia de que el sexo de pago es exclusividad masculina. Esto provoca la desigualdad y algunas mujeres se suman a ese abolicionismo ciego causado por una información sesgada que nos cosifica. Vender o comprar sexo no es delito, tanto sea capricho o necesidad; lo importante son el respeto y acuerdo mutuos, como en cualquier trabajo.

La sexualidad no tiene género. Las prostitutas ofertamos sexo, no satisfacemos una demanda de desigualdad, machismo, agresiones, violaciones o misoginia. Hay que escuchar a las prostitutas hablar de nuestra realidad, pues nosotras la vivimos a diario. Es de los pocos trabajos en que la mujer no cobra menos que un hombre y es un trabajo que abraza la diversidad, sin hacer distinciones por género o procedencia.

Las mujeres escogemos nuestra tarifa y nuestros horarios y, por supuesto, nadie nos dice a quién debemos atender. Pero, sobre todo, porque el sexo no nos avergüenza. En mi caso, hace que ame mi cuerpo y cada día se reinvente mi sexualidad. Incluso desnuda puedo decir NO. Que alguien pague por mis servicios no me hace de nadie.

Si la persona no acepta ni respeta un NO, es un violador, no es alguien con derechos. Las mujeres que ofrecemos sexo somos fuertes, feministas. Muchas nos hemos rebelado a aceptar trabajos precarios mal valorados y pagados. La sociedad ya funciona así.

Regular la prostitución desde una mentalidad libre nos ofrece la posibilidad de corregir la desigualdad. El sexo no crea desigualdad: Cuando las prostitutas se empoderan, la mujer se empodera sexualmente. En publicidad, la libertad ha sido empleada como reclamo para vender coches, perfumes o loterías. El negocio del sexo, consciente de que la libertad vende bien en la era del consumo, inició hace décadas una campaña ideológica con el objetivo de relacionar la idea de libertad con la compraventa de sexo.

Esta falaz e insistente distinción entre trata y prostitución bien podría responder a la necesidad de un lavado de cara del crimen internacional organizado dedicado a la explotación sexual de millones de mujeres y menores en situación de pobreza y vulnerabilidad social en todo el mundo. Presentando la compraventa de sexo como un supuesto intercambio libre entre individuos libres, eludiendo cualquier condicionamiento socio-económico, este discurso pro-prostitución convence a potenciales clientes de que es bueno disponer sexualmente de una persona mediante el pago.

Así, legitima y expande la demanda masculina que origina el negocio. Insiste también en las bondades de ser parte de la oferta y vender la propia sexualidad. Para todo ello, instrumentaliza superficial y cínicamente cierto léxico tomado del feminismo, mezclado con visiones profundamente individualistas y anticientíficas de la intrincada realidad socio-cultural.

Contrariamente a lo que se suele argumentar, ahí donde el discurso pro-prostitución se ha traducido en políticas de regulación —caso de Holanda, Alemania, Victoria Australia o Nevada EEUU —, no se ha observado mejora alguna en la situación de las mujeres prostituidas, aunque sí el incremento de la actividad de la trata, que en estos casos puede ampararse mejor en la legalidad. Para el feminismo como movimiento social, acabar con la explotación sexual de seres humanos, mujeres en su inmensa mayoría, ha sido una prioridad histórica.

Asumir que debe existir un sector dedicado a ofrecer el acceso a mujeres para satisfacer la demanda sexual masculina significa aceptar implícitamente que las mujeres existen para uso masculino. Algo así tiene repercusiones a muchos niveles, y contribuye a aumentar el machismo y la desigualdad social. Me gusta Me gusta. Mi voto va para Georgina Orellano.

Estoy muy de acuerdo en todo lo que dice y en la manera en que lo dice. Me asombra Ariadna Cases cuando dice que la prostitución no es sólo cosa de hombres. La legalización no sería una solución, pero sí un alivio. Alika es oriunda de Córdoba. Proviene de una familia donde varias de sus mujeres fueron prostituidas, inclusive su propia madre.

Tenía apenas 16 años cuando quedó sola a cargo de su hermana de 10 años. Vivían una gran pobreza y ella sabía que debía hacer algo para poder sobrevivir. En las circunstancias la llevaron a probar suerte en otro lado. Decidió ir a Tierra del Fuego terminando en el circuito de trata con fines de explotación sexual. Una reclutadora me dijo que me vaya con ella al sur, que se abría un boliche y que podía ganar muchísima plata. Su historia rompe ciertas generalidades que solo imaginan como víctimas de trata a las chicas secuestradas y llevadas por la fuerza para prostituirlas.

Pero Alika hace ver que la realidad de las mujeres explotadas sexualmente es atravesada por toda una serie de vulnerabilidades que pasan desde la pobreza económica hasta el abuso sexual.

Estoy agradecida, me rescató, me ayudó a crecer como militante, a empoderarme. El grueso en el delito de trata son las mujeres vulnerables que tienen que pagar la luz, que tienen varios hijos, que tienen familiares a cargo.

Cuando una mujer es accedida carnalmente, cuando la sacuden desde muy jovencita, le sacuden también su mente, su alma.

Luego de esto, entregar el cuerpo y sobrevivir mediante el uso y cosificación no cuesta nada, y es lo que me pasó a mí. El rescate de esos años de infierno fue a partir de la sanción de la Ley de Trata que estableció el cierre de prostíbulos en todo el país. Diferentes allanamientos se dieron en este marco con el objeto de liberar a las mujeres atrapadas por esta realidad. Por supuesto, no te haces amiga la primera vez.

Algunos consiguen quedarse en el filo de la navaja: El término prostituta la condenaría de manera permanente e irreversible. Si ya los problemas que se enfrentan para legislar la prostitución son monumentales, no es difícil imaginar el embrollo que surgiría si los códigos abandonaran el término para adoptar el de trabajo sexual, o persona en situación de prostitución.

El estigma de la prostitución, que existe, podría originarse en la actividad en si misma, y no en la manera como se la denomina. Y también he aprendido otra lección: En algunos, por el contrario, se pueden percibir dejos de simpatía, incluso de complicidad.

Feminismo y prostitución sinonimos de prostibulo -

Me han llegado invitaciones para participar en varios debates e incluso para escribir sobre el asunto y a todo he dicho que no. Ejercida tanto por hombres jóvenes como por mujeres de todas las edades, la clientela era mayoritariamente masculina. Prostitución en la Antigua Grecia. En definitiva, los años de dedicación colectiva a las trabajadoras del sexo y sus derechos nos han enseñado cómo éstas pueden dar la vuelta, y de hecho se la dan, a estas situaciones de subordinación. Consideran que todas las prostitutas son víctimas, prostitutas haciendo el amor prostitutas oropesa capacidad de decisión sobre sus vidas, ni tan siquiera de reflexión sobre su propio trabajo.

De hecho, esta definición se contradice con la actividad real de las trabajadoras sexuales: En el imaginario colectivo, reproducido frecuentemente por los medios de comunicación, a las prostitutas se les atribuyen fundamentalmente tres identidades que se superponen muchas veces.

Esta identidad es reforzada muchas veces por los Gobiernos, estatales o locales, que criminalizan la prostitución de calle a través de leyes o normativas en las que las prostitutas aparecen como las causantes de la degradación de determinados barrios en las grandes ciudades.

Un ejemplo de estas políticas lo tenemos en Francia, donde en el año se aprobó una ley contra la inseguridad ciudadana en la que se prohibía la prostitución de calle. También se han sentido tentados por estas políticas los Ayuntamientos de Madrid, Barcelona y Valencia. En general, en el imaginario sexual la prostitución no existe como trabajo. Es curioso ver cómo en el Diccionario de Uso existen numerosos sinónimos de la palabra prostituta pero ninguno de ellos hace referencia a desempeñar un trabajo.

La puta es una categoría particular de mujer que queda diferenciada y apartada del resto de mujeres. Este estigma es uno de los pilares de la ideología patriarcal: Entre otras razones porque este estigma no afecta sólo a las putas, sino que recae también sobre las lesbianas, las promiscuas, las transexuales, las que les gusta el sadomasoquismo consensuado Su estigmatización y la condena moral que recae sobre ellas son la expresión del castigo con el que la sociedad responde a la trasgresión de estos mandatos sexuales.

Desde el punto de vista de la construcción de los géneros, si la masculinidad se construye sobre el rechazo de la homosexualidad así, la prohibición de las muestras de afecto entre hombres es un elemento central en la adquisición del estatus de hombre , la feminidad, y particularmente el prototipo de sexualidad femenina, se construye bajo la amenaza de ser considerada una puta.

Las ideas dominantes ligan el placer al peligro. Socialmente se sigue esperando que las mujeres tengamos una sexualidad menos explícita que los hombres. El proceso de estigmatización que sufren las trabajadoras sexuales hace que se las considere especialmente viciosas, perversas, trastornadas o enfermas. El estigma de puta lleva a que toda su vida sea valorada bajo este prisma: Violan dos reglas sagradas: Pero se diría que lo que se castiga en las prostitutas no es tanto el que mantengan relaciones sexuales sino que cobren por ello.

El sexo con hombres como trabajo implica un recorte a la entrega ilimitada que se presupone que las mujeres deben tener en las relaciones heterosexuales. Esta invisibilización impide que podamos ver su trasgresión de los mandatos patriarcales. El género es un elemento central: A través de la victimización, que presupone que todas ellas son esclavas sexuales, se les niega su poder decisión y de autonomía.

El estigma de puta se utiliza así para justificar también la represión, la exclusión, el maltrato y la marginación de los inmigrantes. Las políticas institucionales y las exigencias de la patronal, en concreto de la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne ANELA , de establecer controles sanitarios obligatorios para las prostitutas con el fin de garantizar la salud de los clientes, refuerzan el estigma y la frontera que las separa del resto de la población supuestamente sana.

Los lugares que la puta ocupa en el imaginario colectivo, así como el estigma que recae sobre todas las trabajadoras sexuales, son interiorizados también por ellas mismas.

Las propuestas abolicionistas refuerzan también el estigma al presentar a las prostitutas como mujeres sin voluntad para poder enfrentarse a los problemas y necesitadas de una protección estatal especial. Hoy, las discusiones que se dan en el feminismo entre las posiciones abolicionistas y las de quienes defendemos su condición de trabajadoras sexuales con derechos parecen el eco de las discusiones de finales del siglo XIX sobre la pureza moral y la prostitución.

De hecho, en sentido metafórico también se podría decir que el trabajo en cadena es esclavitud o que la sexualidad entendida como débito conyugal por algunas mujeres casadas es prostitución.

Estas mujeres sí que son esclavas y posesiones de las mafias. Y las medidas que hay que tomar ante estas situaciones nada tienen que ver con las políticas que hay que aprobar para dignificar las condiciones de trabajo y aportar mayor seguridad al resto de prostitutas. Las reflexiones y propuestas abolicionistas no hacen distinciones entre las diferentes formas en las que se puede ejercer la prostitución: Consideran que todas las prostitutas son víctimas, sin capacidad de decisión sobre sus vidas, ni tan siquiera de reflexión sobre su propio trabajo.

Las abolicionistas consideran indigno el ejercicio de la prostitución en sí mismo, independientemente de las condiciones en las que se ejerce. Ciertamente, la prostitución no es una actividad como cualquier otra.

Por la importancia que en nuestras sociedades se le da a la sexualidad y porque para las mujeres la relación con la sexualidad sigue siendo algo contradictorio, no es lo mismo ofrecer servicios sexuales que otro tipo de servicios.

Dedicarse a la prostitución implica un estigma que, en muchos casos, es interiorizado por ellas, generando vergüenzas y sentimientos negativos que provocan vivencias contradictorias: El lenguaje utilizado para describir la actividad se ha dramatizado o edulcorado al extremo. Las variaciones en otros idiomas son mínimas. Excluyen la posibilidad de la venta de servicios sexuales por parte de los hombres. Ni meretriz, ni hetera, ni hetaira tienen un equivalente masculino. Ambos términos describen un segmento del comercio sexual y no pueden tomarse como representativos de su totalidad.

La importancia relativa de cada uno depende del contexto. La prostitución es tanto una institución económica como sexual. Estar trabajando o no se define por asuntos como dar o no dar besos, mantener cierto tipo de relación sexual y no otro e incluso usar o no un preservativo. Actualmente, todos mis amigos han sido antes clientes … Es divertido. Por supuesto, no te haces amiga la primera vez. Algunos consiguen quedarse en el filo de la navaja:

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